Esta noche ha aprendido a vivir. Cuelga de su cama con los pies helados y las manos calientes. Esta noche ha aprendido a vivir tan rápido que tendrá que aprender a morir de igual manera.Se encuentra con la cena del día anterior mezclada con sus ganas de vivir mirándole desde el otro lado de la cama. Y se pregunta qué ha pasado entre esto y lo otro, y dándose cuenta que al final la vida es eso, sale por un momento del laberinto, para intentar subir al tren de las 12 o dejar que le pase por encima de una vez, o quizá para arrancarle las pestañas y pedir un deseo por cada una que eche de su dedo con un suspiro, para aprender el solfeo del silencio, a reír en lágrima muerta y afinar las miradas en un te quiero sostenido, inspirándose y expirándose, recordando que su alimento es el CO2 que sale de los pulmones del otro. Se regalan chalecos antibaladas para que su puntería no desafine la banda, y la melodía desencadenada continúe.
